Alba Comellas
Aliviar el sufrimiento
Con dignidad, confort y acompañamiento
Mayo 12, 2026
6 min
En esta entrevista, Alba Comellas Padró, enfermera con más de 38 años de experiencia y responsable del Servicio de Atención Espiritual y Religioso en Althaia, comparte una mirada profunda sobre el acompañamiento en situaciones de enfermedad y fina...

En esta entrevista, Alba Comellas Padró, enfermera con más de 38 años de experiencia y responsable del Servicio de Atención Espiritual y Religioso en Althaia, comparte una mirada profunda sobre el acompañamiento en situaciones de enfermedad y final de vida.

Desde la práctica de la espiritualidad clínica, reflexiona sobre la importancia de atender no solo las necesidades físicas, sino también las emocionales y espirituales de las personas.

 

¿A qué te dedicas profesionalmente?
Soy enfermera des de hace más de 38 años. Actualmente estoy trabajando como responsable del Servicio de Atención Espiritual y Religioso en Althaia, que entre otros centros gestiona el Hospital Sant Joan de Déu de Manresa. Trabajamos des de la espiritualidad clínica, que nos permite intervenir en aquellas situaciones que generan sufrimiento emocional y espiritual como la dificultad para asumir un diagnóstico, las pérdidas después de una enfermedad, la necesidad de adecuación terapéutica, finales de vida.
También intentamos dar respuesta a las necesidades confesionales de las personas que atendemos (Interreligiosidad)
Hacemos nuestro trabajo con la certeza que atender estas dimensiones promueve el bienestar de la persona atendida, permitiéndole encontrar fuerza y resiliencia para afrontar con más calma y serenidad las situaciones adversas.


 

¿Cuáles son los dos retos profesionales más importantes que tienes en estos momentos?
Asentar la importancia de valorar las necesidades espirituales del paciente como parte del bienestar global, y valorar el impacto que tiene sobre cómo se vive la enfermedad o la muerte.

Otro gran reto es profesionalizar la atención que estamos dando. Hasta hace relativamente poco, la atención al que sufre o al moribundo se consideraba más un tema de pastoral. Creo firmemente que las enfermeras, expertas en el cuidado del paciente, somos las que hemos de asumir este rol. Identificar todas las necesidades del paciente desde las básicas y más biológicas hasta las espirituales, ya que todas contribuyen en el bienestar de la persona. Somos bio-psico-social-espiritual y todo esta interconectado. Si no tienes cubiertas las necesidades espirituales será más difícil afrontar la enfermedad y la muerte.

 

Profesionalmente hablando, ¿cuál es tu peor recuerdo?
No querría caer en un tópico, pero la época COVID-19, especialmente en sus inicios, creo que marcó una gran huella en los profesionales de salud y más especialmente en las enfermeras. La información constante y variable sobre las actuaciones a seguir, el impacto de la enfermedad sobre los más vulnerables, no sólo generó una actividad frenética, sino también un impacto emocional en todos.

 

¿Y el mejor recuerdo profesional?
En el mismo sentido que la COVID-19 nos generó un gran impacto emocional, también hizo aflorar lo bueno de los profesionales. Recuerdo un trabajo en equipo como nunca, el apoyo entre compañeros, la predisposición de los profesionales, los esfuerzos  para que los pacientes pudieran ser atendidos y sentirse acompañados.

 

En el proceso final de vida de las personas, ¿qué te parece más importante? 
En el proceso de final de vida creo que lo más importante es aliviar el sufrimiento, con dignidad, confort y acompañamiento.
Escuchar qué quiere la persona, cuáles son sus deseos y respetar su voluntad.
Para conseguir esto es importante hacer un acompañamiento emocional y espiritual. Ser honestos y no olvidar a las familias.
 

 

Estar al lado de las personas que sufren o mueren, ¿qué aporta (a los pacientes y a sus familiares)? 
Estar al lado de quien sufre o muere no es un gesto pasivo: es una intervención   profunda, aunque silenciosa. Muchas veces no hay respuestas, pero estar allí  puede transformar la experiencia del paciente y de la familia.
Para la persona que sufre o está muriendo, no estar sola en lo esencial Le permite validar el miedo, la rabia, la tristeza, cualquier sentimiento que aparezca, incluso muchas veces decir lo indecible
Se abre un espacio donde la persona puede revisar su vida, expresar culpas o agradecimientos, reconciliarse, sin ser juzgado, soló acogido.
Para la familia, acompañar estos procesos le permite normaliza emociones contradictorias, reduce la culpa. Suele ser un espacio de comprensión y puede facilitar el sentirse útil .
 

 

¿Cómo afrontas la muerte?

Afrontar la muerte cuando trabajas en espiritualidad clínica es una de las experiencias más profundas… y más exigentes. No sólo acompañas el final de la vida de otros, sino que lo haces desde un lugar muy íntimo, donde resuenan tus propias creencias, miedos y heridas. 
Si estas presentes, te sientes conmovida, triste. Se hace necesario aceptar que también te afecta y te hace trabajar en tu propia relación con la muerte.

Creo importantes cerrar correctamente cada proceso de muerte de un paciente, con el fin de no acumular emociones. Una de las cosas que creo muy necesarias es ritualizar el cierre con alguna acción o frase de despedida.

 

¿Nos puedes recomendar un libro?
Si. A nivel más profesional seria “Fins al final de la vida”, de diferentes autores entre las que hay Anna Formiguera, una enfermera experta en cuidados paliativos. Trata y da pautes para abordar los procesos de final de vida.
A nivel más personal me gustan las novelas. Me gusta Julia Navarro. Son novelas de ficción, pero bien elaboradas históricamente con un punto de intriga  y siempre incluye experiencias humanes

 

¿Música y película favorita? 
No suelo escuchar demasiada música. Me gusta el góspel, no solo por lo significativo de sus raíces en la esclavitud o por su relación con espiritualidad cristiana, sino por su formato, los tiempos musicales y toda la expresión emocional de sus letras.
A nivel de películas soy mucho más mundana. En las películas busco entretenimiento, me gustan los thrillers, las policiacas con cierto grado de suspense. 
Mas antiguas: Seven. El silencio de los corderos.
Actuales: Jurado nº 2. Realmente me hizo reflexionar 
 

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