Mémora comenzó a ofrecer ceremonias personalizadas hace más de 30 años y, actualmente, las ceremonias personalizadas representan el 16% de los servicios.
Una canción que acompañó momentos importantes de su vida, fotografías junto a familiares y amigos, unas palabras escritas por sus seres queridos o la camiseta de su equipo de fútbol. Las despedidas incorporan cada vez más elementos personales para rendir homenaje no solo a quien ha fallecido, sino también a sus gustos, sus vínculos y los momentos que marcaron su vida.
Esta forma de entender el último adiós ha ido ganando espacio durante las últimas décadas. Mémora, primer grupo de servicios funerarios en España y Portugal comenzó a ofrecer ceremonias personalizadas hace más de 30 años. Para conocer cómo han evolucionado las ceremonias y qué tendencias observan actualmente las familias, Mémora ha realizado una radiografía de las despedidas basada en la experiencia de los profesionales de sus tanatorios, testigos diarios de los cambios que se han producido en la manera de despedir a los seres queridos.
Los resultados muestran una creciente demanda de ceremonias más personalizadas y adaptadas a la trayectoria vital de cada persona, una tendencia que también se refleja en la evolución de los servicios funerarios en España. En la actualidad y según los datos correspondientes al primer semestre de 2026, las ceremonias personalizadas representan en torno al 16% de los servicios en el conjunto de España.
En palabras de Josep Anton Díaz, responsable de atención a las familias en Barcelona, “personalizar una despedida no significa hacer algo extraordinario, sino conseguir que la ceremonia hable de la persona. Escuchar previamente a la familia nos permite conocer qué era importante para ella y trasladarlo al homenaje a través de pequeños detalles que tienen un gran significado para quienes se despiden”.
Música, fotografías y palabras para recordar una vida
La música es, con bastante diferencia, el elemento más habitual para personalizar la despedida de un ser querido, seguida por las fotografías y, en un tercer nivel muy próximo, las lecturas y los vídeos. La experiencia recogida entre profesionales de Mémora muestra que, más que seguir un patrón determinado, las familias buscan recursos capaces de evocar recuerdos y representar a la persona fallecida.
“Las fotografías suelen evocar momentos compartidos con familiares y amistades, viajes, celebraciones o aficiones, mientras que las lecturas permiten recuperar recuerdos o expresar aquello que familiares y amigos quieren transmitir en la despedida. A ello pueden sumarse música en directo, flores, velas, elementos simbólicos o una escenografía adaptada al homenaje”, explica Josep Antón.
Del Ave Maria a Serrat: las canciones que acompañan las despedidas
No existe una única banda sonora para despedirse. La elección de la música suele estar vinculada a los gustos de la persona, a recuerdos compartidos con su entorno o a las tradiciones culturales y religiosas de cada familia.
Entre las piezas musicales más frecuentes aparecen el Ave Maria, El cant dels ocells, o la Salve Rociera, así como canciones de Joan Manuel Serrat. En el ámbito de las lecturas también se encuentran escritos atribuidos a autores como San Agustín, San Gregorio o Rabindranath Tagore o textos como Parlem de tu, de Miquel Martí i Pol.
Más allá de estos repertorios, el criterio común es que la elección tenga un significado especial para la familia: una canción que la persona escuchaba habitualmente, una pieza asociada a un momento compartido o aquella que sus allegados identifican directamente con ella.
Una camiseta, una guitarra o una comitiva de motos
Las aficiones y la trayectoria personal también pueden hacerse visibles a través de objetos. En las ceremonias acompañadas por Mémora, los elementos más habituales en el último adiós son camisetas y bufandas de equipos deportivos, banderas y escudos, instrumentos musicales, uniformes profesionales, dibujos realizados por hijos o nietos u objetos relacionados con el mundo del motor.
Algunas familias optan además por convertir el homenaje en un acto más participativo. Entre las experiencias recogidas aparecen música interpretada en directo, cantos y bailes, aplausos, brindis, homenajes de clubes deportivos o compañeros de profesión, castells o comitivas de motocicletas. También se han realizado despedidas en las que los asistentes escriben mensajes o depositan objetos vinculados a la persona fallecida.
Cada persona, una forma distinta de despedirse
La edad, las creencias, la cultura, el territorio y el tipo de ceremonia también influyen en la organización del último adiós. Según los profesionales consultados, las despedidas de personas jóvenes tienden a incorporar más música personalizada, fotografías, vídeos, intervenciones de amistades y elementos vinculados a sus aficiones, mientras que las despedidas de personas de más edad se describen con mayor frecuencia como tradicionales o vinculadas a repertorios conocidos.
En palabras de Josep Antón, “cada vida es distinta y la despedida debe responder también a esa singularidad. Las familias quieren recordar qué hacía especial a esa persona, qué compartieron con ella y qué elementos la representaban. La ceremonia se convierte así en un espacio para despedirse, pero también para hablar de la vida y de los recuerdos que permanecen”.