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  • Las enfermeras, garantes del apoyo emocional al paciente

    Participar en este acto es un privilegio triste. Hoy rendimos homenaje a los miles de personas que murieron a causa de la Covid-19 durante estos meses de lucha incansable, compartiendo el dolor de sus familiares y seres queridos. Ojalá nada de esto no hubiera pasado. Ojalá yo no estuviera aquí, pronunciando estas palabras”. Así arrancaba el discurso que pronunció Aroa López, enfermera supervisora del Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Vall de Hebrón, en el Homenaje de Estado a las víctimas de la pandemia que tuvo lugar el pasado mes de julio.

    Según ha reconocido en una entrevista concedida a Universo Mémora, supuso “una gran responsabilidad” para ella ser la portavoz de todos los sanitarios del país en aquella emotiva cita, después de todo el que se sufrió. Pero a la vegada fue todo “un orgullo que escogieran una enfermera”, sostiene, puesto que podría considerar- se como un homenaje a todas ellas en este año 2020 tan llevar que coincide además que es el Año Internacional de la Enfermera.

    UNA PIEZA CLAVE.

    De aquella primera oleada de los meses de marzo y abril, cuando la escalada en las cifras de contagios y muertes crecía a un ritmo vertiginoso, y más allá de una preocupación totalmente comprensible, López destaca como “la readaptación que vivimos en el servicio de una manera rápida, coordinada y segura fue espectacular”. De hecho, según expone, si bien en el principio llegaban muy pocos casos y casi todos ellos daban negativo en las pruebas, “de repente, empezaron a llegar cada vez más pacientes y el servicio supo readaptarse”, dejando todas las Urgencias del hospital como sospecha de Covid-19. De forma muy elocuente, López nos explica como aquellos días se vivieron con “la calma que precede una tormenta”, una situación que, quizás, es comparable a una catástrofe natural: “Se lleva a cabo el desalojo de pacientes para dejar el servicio vacío, a la espera de algo que sabes que llegará”. Todo ello, con el objetivo de estar en la mejor disposición para atender todos los pacientes que lleguen.

    “En aquellos momentos, la sensación de incertidumbre es brutal”, confesa. No obstante, y a pesar de las dificultades, uno de los grandes retos a los cuales el personal sanitario se ha enfrentado, con un éxito incontestable, ha sido lo de suministrar atención y apoyo emocional a los pacientes. No se tiene que olvidar que estas personas llegaban suelas a Urgencias a causa de la situación de riesgo epidemiológico que existía, razón por la cual “se tenía que dar cobertura no solo en la asistencia de Urgencias, sino también a la vertiente emocional”. Y es que, en general, cuando una persona acude a un servicio de urgencias, lo suele hacer acompañado de un familiar o amigo. Es cierto que siempre existe un cierto grado de incertidumbre, pero ahora se tenía que sumar el hecho de ir solo, cosa que motivaba que los pacientes vivieran aquellos momentos “con miedo y nerviosismo”, por más que el personal sanitario intentara mitigar esta sensación, acompañar en todo el proceso y dar la mejor asistencia posible.

    Durante estos meses de pandemia, el papel que han tenido las enfermeras ha cobrado más visibilidad, y ha llegado incluso a mejorar todavía más la imagen que tiene la sociedad de estas profesionales. En esta línea apunta López, a la afirmar que “todo el mundo quien ha tenido una enfermera cerca, y ha sido cuidado por una enfermera durante la pandemia, ha conocido realmente su trabajo, cuál es su misión”. Y entre sus funciones más destacadas se tiene que subrayar precisamente el apoyo emocional, porque las enfermeras, “más allá de las necesidades básicas, han cubierto las emocionales, han estado junto a la persona y han suplido, en cierto modo, su familia”.

    CUIDAR EL PROFESIONAL.

    La llegada de la segunda oleada de la pandemia en otoño, por suerte, no fue igual de intensa. “En nuestro caso”, apunta López, los circuitos internos ya estaban establecidos y contaban con la experiencia acumulada de la primera oleada, cosa que los ha permitido afrontar la situación con más tranquilidad. No obstante, la portavoz reconoce que entre el personal sanitario hay personas que están muy cansadas y con las fuerzas a nivel emocional bastante tocadas. “Entre la primera y la segunda oleada, había profesionales que ya verbalizaban que necesitaban las vacaciones”, pero el que pasaba era que todavía había miedo que el aumento de contagios supusiera una vuelta en los peores momentos de marzo y el abril. “Por suerte, en nuestro caso, el volumen de casos y su gravedad en la segunda oleada no ha llegado a aquellos niveles, pero está claro, cuando empezaron a llegar casos otra vez, fue inevitable recordar todo el que vivimos y temer que se volviera a repetir”.

    En la parte final de su discurso, la enfermera planteaba a la audiencia una pregunta: “¿quién nos cuidará a nosotros si la persona que nos cuida no lo puede hacer?”. Y sobre esto, reclama una cura de los profesionales en todos los aspectos, desde el que aporten las administraciones hasta la sociedad mismo. Es evidente que los recortes sanitarios que tuvieron lugar hace años “han levantado carencias actuales”, pero López hace énfasis en el hecho que, al menos en su servicio, “en términos de contratación de enfermería, EPI y material hemos dispuesto de todo el necesario siempre”. Y al mismo tiempo, lejos de valoraciones apresuradas, recuerda que no para tener más recursos se está mejor, sino que estos recursos siempre tienen que estar muy gestionados.

    ESFUERZO COLECTIVO.

    En cualquier caso, hasta que no podamos dar por acabada la pandemia, todavía tenemos que hacer un trabajo colectivo en que tenemos que dar el máximo. “Toda la sociedad tiene que ser responsable y cumplir las medidas sanitarias porque, si no lo hacemos, si nos relajamos y banalizamos las cosas, volveremos a tener problemas”, advierte López. Es cierto que, respecto al comportamiento y cumplimiento de normas, la mayoría de las personas está respondiendo como es debido, pero también lo es que el incumplimiento por parte de un pequeño grupo “tiene consecuencias para todos”.

    Y esto, tenemos que tenerlo claro de cara a la Navidad, una nueva oportunidad para demostrar que hemos aprendido de las oleadas precedentes, cumpliendo así con la parte que nos toca. Ya durante las vacaciones de verano hubo una relajación que derivó en la segunda oleada, y “no nos podemos permitir que a mediados de enero tengamos una de tercera”, avisa López. En definitiva, se trata de tomar conciencia y asumir “la importancia que tiene la responsabilidad individual para toda la sociedad”. Para lo cual, el primer paso seria responder en conjunto como sociedad y que, como decía la frase que cerró el discurso de Aroa López, “no olvidamos nunca la lección aprendida”. Que así sea.