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"Una sala de Neonatología es un libro repleto de historias: historias de fortalezas y de debilidades"

Soy Ángela Gregoraci, pediatra especializada en neonatología. Desde hace cinco años estoy en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. 

¿Por qué eres médico neonatóloga y no escogiste otra profesión?
- La Neonatología es el origen de todo, el inicio, y en ocasiones también el fin. Es el primer abrazo; la manifestación más hermosa de la Vida y el Amor; es la lucha por la supervivencia en un mundo hostil, una lección de Humanidad constante. Desde el último año de la carrera de Medicina supe que quería tener algo que ver con todo esto. 
Mi gestación como neonatóloga transcurrió entre los muros del campus de la Facultad de Medicina de la UAM y la UCIN del Hospital La Paz; pero como buena madrileña preferí huir cerca del mar para nacer, y así fue como el parto tuvo lugar en La Fe de Valencia, que se resolvió felizmente con aire ambiente para evitar la liberación de radicales libres y un precoz y prolongado  contacto piel con piel. El traslado al Hospital Vall d’Hebron  transcurrió más o menos sin incidencias, y sin darme cuenta llevo ya casi cinco años de ingreso. Aquí es donde me estoy desarrollando como neonatóloga y como persona, entre rollos y nidos de contención y algún que otro proceso intercurrente… cuidada y acompañada por profesionales y amigos que me ayudan a ser cada vez más resiliente.  

A los médicos os enseñan a curar y a salvar vidas, ¿cómo se enfoca la muerte desde la profesión?
- A lo largo de los años la Neonatología se ha ido dibujando en un escenario particular donde los grandes avances tecnológicos llevan a que un hijo sea algo más que un hijo deseado; donde el hijo deseado y soñado no coincide siempre con el real, prematuro y/o enfermo; donde nacer puede convertirse en una urgencia vital y darse la situación que el inicio y el final de la Vida se rocen en el tiempo y el espacio; donde el precio a pagar por la supervivencia pueda llegar a ser la discapacidad para el resto de la Vida; donde las Vidas de los padres y/o hermanos se entrecrucen con la del recién nacido; y donde hay personas hay sentimientos, momentos vitales diferentes, historias personales diferentes, mundos diferentes…; donde las decisiones que se toman lo son siempre en un contexto de incertidumbre; donde las consideraciones sociales y familiares se vuelven indispensables. El objetivo de la Medicina y de la Neonatología en particular, no es solo curar, si no también y fundamentalmente cuidar. El recién nacido, independientemente de su grado de madurez, merece la misma consideración moral que cualquier persona en cualquier otro momento de la Vida, y por tanto, el mismo respeto y cuidado. Todos querríamos ser los héroes de cada una de las familias con las que tratamos, pero para ser héroes no siempre es necesario salvar vidas, a veces basta con mantener la ilusión por el trabajo que hacemos, otorgarle un sentido humano al esfuerzo de ayudar al otro, aprender a comunicarse mejor con los demás, saber compartir cargas y decisiones, trabajar en equipo… a veces basta solo con una sonrisa.     

¿Qué te lleva a interesarte por el duelo perinatal? 
- Una Sala de Neonatología es un libro cargado de historias: historias a veces dramáticas, incluso trágicas; historias con final feliz o inesperado; historias que hacen llorar, de tristeza, de rabia o de felicidad; historias de esperanzas, ilusiones, tenacidad; historias cargadas de ternura, miedos, incertidumbres; historias coraje, historias que denuncian, historias que agradecen; historias que sacan a la luz tanto nuestras virtudes y fortalezas como nuestras carencias y debilidades, los derechos vulnerados, los riesgos que podrían evitarse o los daños que no debieron ocurrir. 

Como neonatóloga, ¿qué es lo que más te llena del día a día profesional? 
- Viví mis primeros duelos como neonatóloga en soledad, encerrándome en el baño y dejando brotar lágrimas de rabia e impotencia que empapaban el silencio; la cabeza hirviendo con miles de preguntas sin respuesta y millones de dudas e incertezas... y miedo. Fue entonces cuando alguien me tendió la mano y me invitó a contar... Porque, es así, todos, salvo contados casos, venimos en busca de ayuda cuando nos enfrentamos con el final de la Vida. Porque es así, nadie nos ha educado ni preparado para hacer frente a la Muerte, porque la gente está demasiado ocupada y no se da cuenta de que la Muerte es una parte importante de nuestras vidas. Todo pasa y al final lo que queda son los recuerdos y las emociones, la chispa que se enciende en nuestro interior, las sensaciones, las palabras pronunciadas y las calladas, la herida que te cura un amigo, el silencio compartido, a eso tenemos que agarrarnos, con fuerza, porque en el fondo lo que realmente importa de la Vida es eso, porque después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida. Porque es fundamental que todos nos esforcemos de verdad en darle el mismo valor a la Muerte que a la Vida; en darle nombre, imagen, olor, sabor y tacto a la pérdida de un ser querido; en darle nombre, imagen, olor, sabor y tacto a las emociones generadas por esa pérdida, y no avergonzarnos de ello. Porque hay que agarrarse a algo, si no nos hundimos. Y ese algo es la Humanidad.  

Es con historias que nos abrazaron nuestros padres por las noches para alejar los fantasmas del sueño. A veces basta y sobra con una historia para despertar del letargo, para darnos cuenta de algo, para reflexionar sobre lo que hacemos o decimos, para adquirir conocimientos, para generar cambios, para involucrarnos activamente en la generación y demanda de esos cambios. Contar es el modo más humano de ponerse en la piel de un semejante. Nos obliga a experimentar en nuestra mente lo que han sentido otros.

¿Qué lugar ocupa la poesía en tu ámbito laboral? 
- En la carrera tuve un profesor que siempre acababa sus clases con una poesía: “Ni un día sin poesía” es como llamó a esos últimos 5 minutos finales de la clase donde cada día él mismo o un alumno voluntario recitaba un poema.  Recuerdo el día que yo salí a leer “A Margarita Debayle” de Rubén Darío... No concibo mi Vida personal y profesional sin los libros, mi corazón y mis sueños están hechos de cachitos de papel de las páginas que he leído.

¿Nos puedes recomendar un buen libro?
- Los que recuerdo con más cariño de mi adolescencia son ‘La Historia’ de Elsa Morante,  ‘Inshallah’ de Oriana Fallaci y ‘Narciso y Goldmundo’ de Hermann Hesse.   

¿Tu música o película favorita? 
- Si la literatura fuese el amigo que espera, el cine sería el que, como el relámpago, anuncia lluvia y la música, el arcoiris que sigue a la tormenta. Cada etapa de mi Vida ha tenido su propia banda sonora, original y única. El arte de cuidar(se) si se acompaña de arte, aplaca la pena.