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“Una buena atención no es un privilegio: es un derecho ”. Pedro Grau, enfermero

El periodista Carles Capdevila fue premiado recientemente con el premio Investén al mejor profesional de prensa escrita para la difusión de la enfermería. El artículo galardonado llevaba por título: “Cada noche es el Día Mundial de la Enfermería” y reivindicaba el valor del trabajo diario de las enfermeras tras constatar su importancia desde que lucha contra un cáncer. “Hacen mucho más que curarme: me cuidan”, contaba Carles Capdevila en el texto, ensalzando la figura de la enfermera y resumiendo de forma perfecta la esencia de la profesión. Un valor que también reivindica Pedro Grau, supervisor de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Pare Jofré de Valencia, al que entrevistamos a continuación:

-¿Cuál es el principal objetivo de las enfermeras?
-La enfermería debe ser entendida como una pieza más del equipo que forman los distintos profesionales sanitarios. Su objetivo fundamental es el cuidado, pero además debe proporcionar el apoyo emocional que precise tanto el propio enfermo como su entorno cercano. Es importante dar una información adecuada, participar en la toma de decisiones, controlar los síntomas físicos y garantizar la continuidad asistencial durante todo el proceso. Me quedo con las palabras de Daniel Callahan que definen la función de las enfermeras: “Tan importante es el objeto de curar y proteger la vida, como el de ayudar a proporcionar una muerte en paz”.

-¿En qué consiste su trabajo?
-Las enfermeras pueden dar asistencia tanto en el domicilio como en el centro hospitalario o residencial. En cualquier caso, su principio básico consiste en cuidar y ayudar al enfermo a hacer frente a las situaciones presentes y futuras, incluso más allá de toda posibilidad de curación. Su objetivo debe ser ayudar a que el paciente logre la mayor autonomía posible y conserve su dignidad hasta la muerte.

-¿Por qué son imprescindibles?
-Las enfermeras ocupan un lugar de privilegio dentro del equipo de salud. Son las que permanecen la mayor parte del tiempo junto al paciente y la familia. De este modo, ejercen plenamente el rol de cuidadoras y esta cercanía es fundamental tanto a nivel sanitario como humano.

-¿Podría enumerarme alguna cualidad necesaria para la profesión?
-Sí, muchas... Vocación cuidadora; altruismo; empatía y comprensión; capacidad para escuchar; sinceridad, es preferible callar antes que mentir; habilidades comunicativas; equilibrio y madurez, tanto personal como profesional; respeto y flexibilidad.

-Usted supervisa la unidad de paliativos de su hospital. ¿Qué tipo de pacientes atienden?
-En un principio, los cuidados paliativos se centraron en los enfermos de cáncer. En la actualidad, la unidad engloba a todas las enfermedades crónicas avanzadas con pronóstico de vida limitado o aquellas en situación avanzada terminal. Atendemos enfermedades oncológicas, pero también neurodegenerativas o de órganos: accidentes con lesiones cerebrales o vasculares y todo tipo de comas.

-¿Qué atención les ofrecen?
-Cada paciente tiene unas necesidades que dependen de la evolución de la enfermedad y la situación cognitiva en la que se encuentra. No es lo mismo una persona con plena conciencia que otra con una demencia avanzada. Además de las obvias necesidades físicas, muchos pacientes tienen necesidades emocionales, espirituales, sociales o familiares. Las enfermeras debemos tener en cuenta todas esas necesidades, pero también las de los familiares, ya que nuestro trabajo muchas veces continúa más allá de la muerte con la atención al duelo.

-¿Cómo trabajáis la relación paciente-familia-enfermera?
-Como decía, el contacto del equipo sanitario con la familia y el enfermo es constante: es nuestro núcleo de actuación. Nuestra relación tiene que ser de confianza y respeto, por eso, es importante destacar que no solo tenemos que ser buenos en el ámbito estrictamente sanitario, sino que debemos tener una mente abierta y respetar en todo momento las voluntades de los pacientes y su entorno. Debemos aportar nuestra experiencia, sí, pero nunca, imponerla.

-¿Qué necesidades tiene una enfermera?
-Nuestras necesidades, igual que las de otros profesionales de la sanidad, pasan por lograr un reconocimiento social por el trabajo realizado. Cuando sucede es totalmente reconfortante. Pero si hablamos de la unidad que superviso, en cuidados paliativos necesitamos una formación adecuada tanto en el tratamiento y los cuidados, como en los aspectos de comunicación que tan importantes resultan en el manejo de las necesidades espirituales y emocionales del paciente. Aunque en los últimos años se vislumbra un cambio, el sistema sanitario español aún no contempla todas las necesidades.

-¿Cómo afronta la muerte el personal de una unidad de paliativos?
-El miedo a la muerte es razonable en cualquier persona. No por estar a diario en contacto directo se nos crea una coraza, pero sí que nos lleva a plantearnos nuestra propia muerte y las circunstancias que la rodean. En unidades en constante relación con la muerte es importante el trabajo en equipo y el apoyo mutuo para poder convivir con ella sin problema. Si todos remamos en la misma dirección, obtendremos la satisfacción de estar haciendo un trabajo de calidad y posibilitando que el final de la vida sea lo menos traumático posible.

-¿Es posible desconectar?
-Es imposible no separarse de algunos casos. Lo importante es que los sentimientos vividos no interfieran en la vida personal. Sin embargo, sí que es positivo formar una mochila en la que acumular momentos y experiencias de vida. Cada vivencia deja una huella, y lo esencial, es gestionar los casos traumáticos en positivo. Por ejemplo, quedarse con la satisfacción del trabajo bien hecho, o aprovechar la muerte par dar valor a la vida.

-¿La muerte es un fracaso para una enfermera?
-En muchas series de televisión vemos como la muerte es un drama terrible para el personal de un hospital. Sin embargo, nunca puede ser un fracaso porque la muerte es inevitable y todos nos enfrentamos a ella a lo largo de nuestra vida. Lo que sí que es un fracaso es una muerte con dolor y sin las necesidades básicas del paciente atendidas. La derrota es no reconfortar a la familia y no permitir una despedida con serenidad en un ambiente de confianza y respeto. Por eso, recibir una adecuada atención médica al final de la vida debe ser considerado un auténtico derecho, en lugar de un privilegio como sucede algunas ocasiones.