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“Tenemos que mirar a la muerte con más valentía”

La adolescencia es la revolución exterior e interior más grande que experimenta el ser humano a lo largo de su vida. Es el comienzo de la creación de la persona que se quiere ser en un futuro, así como la búsqueda del lugar que se va a ocupar. Paralelamente, se suceden cambios físicos en los que se deja atrás la infancia, generando una inestabilidad emocional ante la dificultad que conlleva acostumbrarse a los nuevos roles. La muerte de un ser querido genera un rechazo a la vida entre los adolescentes al descubrir una realidad lejana en un momento cambiante. Hablamos con Estrella Martínez, usuaria de los grupos de duelo del Espacio de Apoyo de Mémora y Lola Cabrera, psicóloga del Espacio de Apoyo.

-¿Cómo y cuándo llega Estrella al Espacio de Apoyo?
-L. C. Estrella llegó hace más de un año después de que su escuela contactase con nosotros tras la muerte de su madre. Se incorporó en un principio a los grupos de duelo; era la más joven, venía con regularidad, pero la diferencia de edad hacía que estuviese distanciada. Pensamos que lo mejor sería vernos de manera individual. Y el cambio ha sido muy grande: le costaba mucho expresar lo que sentía, y ha hecho un proceso positivo.

-El trabajo en red de las distintas instituciones es clave.
-L. C. Ahora empezamos a ver los frutos: cada vez nos conocen más entidades del barrio. Encontramos que muchos CAP, centros cívicos y como en el caso de Estrella, escuelas, nos derivan personas que necesitan apoyo en el duelo.

-¿Cuál ha sido tu evolución desde que llegaste al Espacio de Apoyo?
-E. M. Al principio estaba muy cerrada: sentía que no estaría bien expresando mis sentimientos y esto me hacía estar inquieta, malhumorada y baja de ánimos. Dos años después, pienso que estoy más abierta y que puedo vivir con una mayor normalidad. Tener una persona como Lola que te escucha, te acompaña y te aconseja, así como las demás trabajadoras del Espacio de Apoyo, me ha hecho encontrar un camino.

-¿Es importante expresar los sentimientos?
-E. M. Además de importante es saludable. Si te guardas las emociones, acabas sufriendo mucho. Después de liberarme, he podido relajarme y estar más abierta a las sensaciones del mundo exterior y a otras personas. Ahora sé que no me tenía que haber creado una barrera. Hacerme la fuerte no servía de nada porque estaba mal conmigo misma y con la gente que me rodeaba. Si no me hubiese alejado tanto de mi entorno familiar, no habría sufrido tanto.

-¿Es el duelo en adolescentes uno de los más complejos?
-L. C. Sí. Porque una de las manifestaciones del duelo se expresa en cólera y rabia al no entender el porqué. Estrella tenía 15 años cuando sufrió el fallecimiento de su madre: son momentos complicados porque esta pérdida se suma a todas aquellas que conlleva la adolescencia como perder el cuerpo infantil, el alejamiento emocional con las figuras paternas… Es un momento muy duro.

-¿Cómo ha cambiado tu día a día?
-E. M. Mi día a día ha cambiado mucho, así como mi manera de actuar y pensar. Cuesta acostumbrarse a la ausencia física de una persona con la que convives a diario. Al ser una muerte repentina, pasé de tener mi apoyo principal a no tener nada. Pero con el tiempo he aprendido a disfrutar y valorar mucho más los ratos con mis amigos. Ahora estoy más centrada, sé analizar con más objetividad y ser consciente de todo lo que me pasa.

-Una persona es insustituible. ¿Cómo has conseguido reinventarte?
-E. M. Creo que he tenido mucha suerte. Toco el violín y la música me ha ayudado mucho a superar el sentimiento de vacío. Gracias a tener amigos músicos, a tocar junto a ellos, y a vivir experiencias maravillosas, he podido tirar adelante. Tanto con los de toda la vida, como los nuevos que he conocido en estos tres años y que han dejado una huella en mí.

-¿Cómo ha cambiado tu concepción sobre la muerte?
-E. M. Antes de que mi madre muriese yo ni pensaba en la muerte. Claro que sabes que te has de morir, pero no piensas en ello porque está escondido. Después de vivirla en primera persona, me he dado cuenta de que es un tema cercano, de que muchas personas mueren cada día, pero nadie quiere hablar. Hay mucha desinformación, así que si tuviésemos más presente la muerte sería más fácil afrontarla.
-L. C. El hecho de tener más presente la muerte, nos ayuda a ser más responsables sobre lo que queremos hacer con nuestra vida. Hay una fecha de caducidad, no sabemos cuándo, pero sí, que tiene que llegar. Si lo tienes presente, vives la vida con más consciencia y responsabilidad.

-Es un tabú.
-E. M. Sí. La gente no habla, pero es que tampoco quiere escuchar hablar del tema. Tenemos que ser mucho másvalientes para enfrentarnos a la muerte: cuando perdemos a alguien cercano, como lo tenemos oculto y en la escuela tampoco nos han enseñado a enfrentarnos, sufrimos mucho.
-L. C. En casa estamos acostumbrados a expresar las emociones agradables y hacemos partícipes a los niños y adolescentes de celebraciones como una boda o los nacimientos. Sin embargo, cuando hay enfermedades graves o muerte, les alejamos y no les tenemos en cuenta. Hay que trabajar desde la cotidianidad porque si les hablamos de lo que estamos pasando, les estaremos enseñando; imitarán nuestras conductas y se darán permiso para entender que cuando hay un problema se le puede hacer frente explicando lo que se siente

-¿Cuál sería vuestra pedagogía para introducir la muerte en la sociedad?
-E. M. Personalmente, haría coloquios con adolescentes y les explicaría las maneras de enfrentarse a la muerte. Creo que la mayoría de jóvenes, en mi situación, no hubiesen sabido hacerle frente y estarían bastante perdidos. Creo que es primordial hacer pedagogía con las familias, las escuelas y en todos los ámbitos. Estamos muy desinformados.
-L. C. Vivimos en una sociedad en la que los valores en alza se concentran en la belleza, en el éxito, en el dinero… Esto genera que no se tenga en cuenta la otra cara de la vida: existe el sufrimiento, la muerte, el envejecimiento, la enfermedad… Pienso que un adolescente que mira al futuro, si solo se concentra en los valores positivos tendrá como consecuencia una incapacidad para tolerar la frustración y una gran dificultad para manejarse en situaciones adversas. Tenemos a los niños y adolescentes sobreprotegidos, y esto a largo plazo será un inconveniente para su fortaleza.