Área Profesional

"Morir cuando la vida empieza es una contradicción en todos los sentidos"

Hablamos con Fátima Camba, neonatóloga del Servicio de Neonatología en el Hospital Universitari Vall d’Hebron. 

¿Por qué eres médico neonatóloga y no escogiste otra profesión?
La pediatría es una especialidad que difiere de otras por el tipo de paciente al que atiende. Trabajar con niños y sus familias requiere ejercer la profesión de médico de una forma más alegre y cercana, y eso me resultaba muy estimulante. Y dentro de la pediatría, la neonatología es un área que permite acompañar al niño y a su familia durante uno los momentos más transcendentes, como es el nacimiento y los primeros días de vida. Esto, junto con la posibilidad de combinar la parte técnica con la humanización, la hace muy interesante.

A los médicos os enseñan a curar y salvar vidas; ¿cómo se enfoca la muerte desde la profesión? 
Considero que en general hablamos poco de la muerte, tanto dentro de la profesión como en la sociedad. El creer que nuestro trabajo como médicos se centra únicamente curar y salvar vidas, puede provocar que sintamos frustración y fracaso como profesionales cuando el paciente no tiene posibilidad de curación. Y eso en ocasiones puede alejarnos del enfermo, o perjudicarle continuando tratamientos cuando pueden no estar indicados. Personalmente creo que se debería hablar más de la muerte como una realidad que no podemos evitar en ocasiones por muchos medios que pongamos, que debemos saber hacer pero también saber parar y que cuidar es igual de importante que curar.

Supongo que vivir el proceso final de una vida que justo ha empezado, no entraba inicialmente en tu visión profesional. ¿Cómo fue la experiencia?
Cuando elegí neonatología no contemplaba que la atención a final de vida fuese un aspecto importante a considerar. Morir cuando la vida empieza es una contradicción en todos los sentidos, y lo percibía como algo muy poco frecuente. Sin embargo, trabajar en una unidad de alta complejidad y que atiende a muchos neonatos supone atender o acompañar a muchos niños en su proceso de final de vida. En nuestro servicio fallecen entre 30 y 40 recién nacidos al año. Para atender esta realidad los profesionales debemos tener formación, además de la sensibilidad necesaria para saber acompañar en esos momentos. Me faltó formación en las primeras experiencias, que fueron difíciles para mi. No animábamos a los padres a que estuvieran presentes ni les ofrecíamos el acompañamiento que ahora hacemos. Afortunadamente eso ha ido mejorando con el paso de los años, y el ofrecer una mejor atención contribuye a una mayor satisfacción del profesional.

¿Qué te aporta la participación en los grupos de reflexión del Espacio de palabra?
Poder compartir experiencias de situaciones con gran implicación emocional me ayuda a estar mejor, a darle a esa experiencia la importancia que tiene, y en definitiva, es una forma de cuidarme. Cuidar al que cuida es un aspecto fundamental, sobre todo en unidades en las que el profesional está sometido frecuentemente a situaciones de gran implicación emocional, y que podrían llevarle a presentar sufrimiento moral, fatiga por compasión o incluso “burn-out”.

Además hay otros dos aspectos que considero importantes del Espai de Paraula. Uno es el hecho de poder comentar y analizar los casos con una participación multidisciplinar (enfermeras, técnicos auxiliares de enfermería y médicos), ya que esto ayuda a la cohesión del equipo, además de permitir un aprendizaje para futuras situaciones. El segundo, es la posibilidad de trabajar con una psicóloga, que no solo hace de moderadora del grupo, sino que también nos orienta en aquellos aspectos que facilitan o dificultan a la familia su proceso de duelo. En muchas ocasiones los profesionales no llegamos a saber cómo ha repercutido nuestra actuación sobre la familia, y es la psicóloga, que también ha atendido a la familia, quien nos puede ofrecer esta información que nos resulta tan útil.

Como neonatóloga, ¿qué es lo que más te llena de tu día a día profesional?
Los que trabajamos en neonatología tenemos el privilegio de asistir a muchos momentos únicos: el nacimiento, el instante en que unos padres ven a su hijo por primera vez, o cuando los padres cogen a su niño en brazos o se lo ponen sobre su pecho y este se calma, o cuando llega el momento del alta hospitalaria. Eso llena mucho, y tenemos la fortuna de poder presenciar estas escenas diariamente.

¿Qué le propondrías a tu entorno profesional como mejora?
Continuar trabajando en la humanización de la neonatología, y en los cuidados centrados en el desarrollo y la familia.

¿Nos pueden recomendar un buen libro?
¿Qué me quieres, amor?, de Manuel Rivas.

¿Tu música o película favorita?
Me gusta todo tipo de música, pero sobre todo la que me relaja, la que me divierte o me anima a bailar y la que me emociona. Respecto a la película, elegiría La vida es bella, de Roberto Benigni.