Área Profesional

“Está mal visto llorar delante de tus compañeros”

En ocasiones se olvida que el personal sanitario además de profesional es humano. Esto significa que la muerte les afecta igual que al resto de la sociedad. Sin embargo, para ellos, lo normal es tener que esconder el duelo que sufren para evitar la idea de que la debilidad es sinónimo de incompetencia. Hablamos con Josep París, enfermero y director de Desarrollo Corporativo de Serveis Funeraris de Barcelona-Grupo Mémora, y Carme Beltran, enfermera asistencial del Hospital de Sant Pau de Barcelona. Grupo Mémora, en su compromiso con los profesionales de la salud, trata de romper tabús respecto a la impermeabilidad emocional de los sanitarios.

-¿Cómo detecta Grupo Mémora la falta de acompañamiento en el duelo del personal sanitario?
-J. P.: Llevamos dos años realizando talleres con personal sanitario y hemos detectado que una de las grandes limitaciones es la gestión de su propio duelo.
Aunque cada vez se trabaja más en la formación para ayudar a las familias tras la muerte de un ser querido, el acompañamiento a los profesionales es inexistente.
Consideramos que es una necesidad y por ello, desde Mémora queremos trabajar en ello. Es muy importante el duelo del profesional tanto para el sistema sanitario como para las familias: si los profesionales se sienten bien, la atención a las familias y pacientes se verá afectada positivamente.

-¿En la formación de los profesionales de la salud no se prepara para afrontar el duelo ante una muerte?
-J. P.: A nivel formativo, la muerte se trata poco, imaginad el duelo. En estos talleres que llevo realizando por toda España en más de 18 ediciones, todos los grupos hablan de la falta de formación para poder afrontar la muerte de un paciente sin que pueda afectar al ámbito profesional.

-¿Es posible para un profesional aislarse de la muerte?
-C. B.: La muerte siempre te afecta. Todos tenemos sentimientos y emociones, y, aunque la vives cotidianamente, te interpela.
-J. P.: Los profesionales se crean una coraza protectora, pero debe de ser lo suficientemente fina para que sea permeable. Han de evitar que se convierta en una pared por la que no atraviesa nada. Sin embargo, la falta de formación e información dificulta llegar a este punto ideal.
-C. B.: Los profesionales nos situamos en un grupo que llamamos desautorizado. Socialmente no se nos permite evidenciar que nos ha afectado una muerte delante de las familias. Se espera que tengamos un poste profesional. Debemos cambiar esta etiqueta desde las instituciones, desde los propios profesionales y desde la formación: buscar estrategias para que nuestro trabajo sea mejor. Los pediatras me cuentan que cada vez que se muere un niño les afecta tremendamente, y pienso que menos mal, porque si eso no ocurriese tendríamos un grave problema.

-¿Un profesional sensible es positivo para el paciente?
-J. P.: Los profesionales tenemos que salir del armario desde un punto de vista emocional. No pasa nada porque una enfermera o un médico lloren por la muerte de un paciente. Hemos de dejar de pensar que los profesionales de la salud somos duros y no nos afecta nada. Prefiero que me atienda un profesional con sensibilidad, que no una persona técnicamente impecable pero fría. Un día las máquinas harán la parte técnica, pero la parte emocional se tendrá que cuidar siempre. Quiero que sepan canalizar mis angustias.

-¿Es habitual ver como los profesionales muestran sus sentimientos?
-C. B.: No. Nos encontramos muchos profesionales a los que les ha afectado una situación y han tenido que irse a llorar al lavabo. Es triste pero está mal visto llorar delante de tus compañeros. El equipo tendría que ser un amortiguador cuando alguien se ve afectado.
-J. P.: Y esto se agrava en determinados perfiles: si acabas de terminar la carrera y lloras se va a crear un estigma. En mi caso recuerdo perfectamente la primera paciente que se me murió. Me acuerdo que tenía un contrato de tres meses, si yo hubiese expresado mi afectación, teniendo ¡ en cuenta que en la sociedad en la que vivimos un hombre no puede mostrar sus sentimientos, lo más probable es que no me hubiesen renovado. Por eso creo que el apoyo ha de darse desde fuera de la institución sanitaria, para que el personal pueda mostrar sus emociones de forma anónima e íntima. Es una profesión que vamos a realizar toda la vida: si no superamos bien el duelo nos podemos convertir en una persona para la que la muerte pueda significar lo mismo que vender manzanas.

-¿Nos podemos encontrar a algún doctor House?
-C. B.: Existen. No nos engañemos. Así se protegen del dolor de los demás y del propio. Por ejemplo, cuando en una unidad, un médico dice sobre un paciente: “Es terminal, la misma pauta que ayer”. Es una conducta errónea: igual no puedes hacer nada por curarlo, pero sí que puedes hacer mucho porque se vaya de la mejor manera posible. Para no enfrentarse al fracaso de la muerte de un paciente se crean esta barrera.
-J. P.: La afectación de una muerte no tiene que ser siempre negativa. Si he conseguido que el paciente haya muerto en paz y se haya despedido de su familia, me afectará de una manera positiva y me compensará y mi duelo será satisfactorio.

-¿Qué necesita el personal sanitario?
-J. P.: Lo primero reconocer su propio duelo: ser conscientes de sus limitaciones como personas, y a partir de aquí valorar la ayuda que necesitan: si se la pueden dar ellos mismos con una lectura o un paseo; si necesitan hablar con sus equipos; o si necesitan recursos externos. Pero sobre todo, les falta formación y lugares en los que hablar. Vivimos en una sociedad que tiene prisas, desde la tecnología hasta en el duelo; con más conversación y pedagogía se retroalimentarían sus experiencias y estarían más reconfortados.
-C. B.: También hay que decir que tampoco afecta igual la muerte de un joven que la de un abuelo.

-¿Ha evolucionado la situación desde que iniciaron su carrera profesional?
-C. B.: Se ha evolucionado pero aún tenemos mucho trabajo por delante. Tenemos que llegar al punto en el que si se te cae una lágrima mientras comunicas una noticia desagradable a una familia no pase nada. Pero, sí, poco a poco atendemos mejor a las familias, y encontramos más herramientas de control emocional y de ayuda. Hace poco, una enfermera que acababa de perder a su madre, pidió ante un caso similar si se podía encargar el resto del equipo. Pero es un caso aislado y espontáneo: sigue habiendo unidades en las que es impensable que esto suceda. Hay que seguir trabajando. 


Esta entrevista forma parte del Universo Mémora 'Morir en paz', disponible en la sección de 'Artículos' de esta misma Área Profesional.