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“Cada persona vive el duelo de una forma diferente”

Antes de empezar la entrevista, Richard Lewis, familiar en duelo, le dice a Teresa Cerezo, enfermera referente en duelo del Hospital General de Catalunya, que se ha de dosificar. No puede trabajar tanto. La enfermera le da la razón, pero confiesa que no puede dejar de atender las urgencias de las personas sea la hora que sea. Ángela García, también familiar en duelo, le da las gracias por su entrega incondicional. Teresa Cerezo atiende a pacientes en procesos finales de vida y familiares en duelo. Es el ejemplo de la figura que se necesita en los servicios sanitarios. Ya no solo hay que curar, también hay que cuidar. Solo con una apuesta desde las instituciones por la humanización del personal sanitario, Teresa podrá dosificarse.

-¿Por qué es importante la realización de un buen duelo?
-R. L.: Hay un concepto equivocado sobre el duelo. Se suele pensar que es algo malo, pero no, es todo lo contrario. Es algo que te acompaña cuando pierdes a alguien y que tienes que asimilar que va a formar parte de ti. Tu vida cambia y el duelo se puede convertir en una cosa positiva. Seguramente te lleve a momentos de tristeza, pero ese sentimiento no tiene que ser negativo... Las cosas poco a poco se irán colocando en su sitio. El duelo no se puede curar, no es una enfermedad, se incorpora a tus circunstancias y, como todo, tiene cosas buenas y malas.
-T. C.: Como dice Richard, la pena no es patológica. La tristeza nos acompaña y nos tenemos que ir adaptando. La mayoría de los duelos se resuelven, pero se deben hacer más esfuerzos desde los organismos públicos. No hay muchas instituciones como el Hospital General de Catalunya que desde 2009 ha apostado por cuidar emocionalmente tanto a los pacientes como a sus familias. Ofrece un servicio gratuito y universal al que puede acceder cualquier persona. Se trata de una apuesta desde la vertiente social porque las necesidades de una persona en duelo son grandes y se han de cubrir. Nos derivan muchos casos desde psiquiatría por problemas en el duelo, esto quiere decir que se ha de atender porque puede acabar generando enfermedades orgánicas y psíquicas como la depresión. La misión de los que acompañamos es dar vida, porque el duelo no siempre tiene que ser muerte. Se ha de ayudar a retomar la vida y facilitar su reorganización. Está demostrado que la ayuda en el duelo disminuye la morbilidad y la mortalidad.

-¿Cómo han llegado a la unidad de acompañamiento al duelo?
-A. G.: Después de que mi hija Sara muriese repentinamente con 27 años, una amiga que tengo en común con Teresa, al ver que yo estaba tan mal, me pidió visita con ella sin que yo le hubiese dicho nada. Decidí venir y desde el primer momento fue como si conociera a Teresa de toda la vida. Se estableció una relación de confianza y no he dejado de venir. Para mí, el duelo ha sido muy duro y Teresa ha sido mi salvación. De no ser por ella, no estaría hoy como estoy: ha sacado lo mejor de mí.
-R. L.: Hace dos años mi mujer Susi estuvo ingresada unos meses en el hospital por un cáncer. Teresa venía a visitarla. Tras su muerte yo seguí visitándola cada mes y medio y ha acabado convirtiéndose en una amiga.

-¿En qué estado se encuentran?
-A. G.: Cada persona vive el duelo de una forma distinta. Sé cómo lo estoy viviendo yo. Cada ser humano es un mundo, unos lo aceptan mejor y otros peor. Conozco gente que ha perdido a seres queridos pero no sé lo que piensan, yo sé el dolor que yo siento. No hay que huir del dolor, no quiero, el dolor que llevo en mi corazón es para toda la vida y mi hija estará siempre conmigo. Mi idea no es estar siempre hundida, sino ir saliendo poco a poco a flote. Ella me dijo que tenía que salir adelante y por eso lo haré. Pero es muy difícil. Mi ritmo es lento: subo 2 escalones y bajo 4. Poco a poco.
-T. C.: Cada uno tiene un ritmo diferente. El duelo es único e irrepetible.
-R. L.: En los últimos tiempos estoy experimentando un bajón, sin embargo, es como el gráfico de un economista. Tú ves subidas y bajadas, pero al final, lo que hay es una evolución ascendente constante.

-Describan cómo es una sesión con Teresa.
-R. L.: Empezamos con una conversación distendida. La charla avanza, y de pronto, Teresa siempre se queda con algo que he dicho y hace una pregunta profunda. Sabe indagar en lo que me preocupa y me hace pensar mucho.
-A. G.: De una palabra sabe encontrar aquello que te hace daño. Salgo muy mal de las sesiones porque hablo de muchas cosas que me afectan. Sin embargo, los siguientes días estoy mejor porque he sacado todo lo malo y he podido explicarle cosas que no le explico a otra gente. Nadie te escucha como lo hace Teresa.

-Empatía.
-T. C.: Para ayudar a alguien te has de conmover. Se necesita mucha escucha activa y esfuerzo para despertar a la persona. Siempre lo doy todo. Me gustaría hacer una formación para profesionales de la salud. Me duele mucho como sanitaria que en determinadas relaciones terapéuticas, la gente se quede con un mal recuerdo por la atención. Las personas no recordarán si les has puesto o no Primperan, recordarán la cercanía que has tenido con ellos en un momento de dolor.
-R. L.: Teresa tiene una inteligencia emocional muy grande. Su misión no es curar, es acompañar, guiar. Desde el momento que la conoces sabes que no está actuando y su atención es auténtica.
-A. G.: Vienes con un duelo muy grande y Teresa sabe ponerse en tu lugar. Te coge las manos, te da el amor que necesitas y sientes como tu dolor es el suyo.

-¿Qué necesidades surgen en los procesos finales de vida?
-T. C.: El paciente necesita estar acompañado por los suyos, ser entendido y respetado. No tenemos miedo a morir, tenemos miedo al sufrimiento. Mi papel como enfermera es hacer que el paciente no tenga dolor, pero tampoco sufrimiento. La comunicación es muy importante tanto con el enfermo como la familia, a la que a veces hay que educar para que se adapten a las necesidades del paciente. Cuando el enfermo se marcha, hay que seguir trabajando el duelo con la familia y conseguir con tiempo y paciencia que puedan volver a disfrutar de su vida.

-¿Qué supone trabajar constantemente con la muerte?
-T. C.: Tengo el mejor trabajo del mundo. Me apasiona ayudar a los enfermos y aprender de ellos. Cuando desaparecen me dejan su legado y continúo trabajando con sus familiares. La muerte reconcilia con la vida. Aprendo a valorarla y a aprovechar el tiempo. Las personas cuando se van lamentan no haber pasado más tiempo con su familia. Nunca reclaman haber pasado más horas trabajando en una oficina. Es para reflexionar.